
La enfermedad renal crónica (ERC) es una de las principales causas de morbilidad en perros y gatos de edad avanzada y constituye la patología renal más común en estas especies. Se produce por anomalías funcionales y/o estructurales en uno o ambos riñones, caracterizándose por lesiones estructurales irreversibles que provocan una disminución progresiva de la función renal.
La ERC afecta a más del 30 % de los gatos mayores de 10 años, con una prevalencia superior al 6 % en perros y al 20 % en gatos, sin tener en cuenta la edad. Los riñones desempeñan funciones vitales como filtrar la sangre para eliminar desechos tóxicos, regular el equilibrio de líquidos y electrolitos, controlar la presión arterial, producir hormonas y estimular la formación de glóbulos rojos.
En las fases iniciales, el daño renal no suele manifestarse clínicamente y, cuando aparecen los signos, generalmente ya existe una afectación de más del 75 % de las nefronas. Una vez instaurado un daño renal significativo, los animales pueden presentar síntomas como aumento de la sed y de la micción, pérdida de apetito y de peso, vómitos, diarrea, letargo, depresión, aliento urémico, úlceras en la mucosa oral y anemia.
La realización de exámenes periódicos a partir de los 3–4 años de edad permite la identificación temprana de animales con función renal alterada y posibilita la implementación de medidas destinadas a ralentizar la progresión de la enfermedad. La determinación de analitos como la SDMA y la creatinina es clave para identificar etapas iniciales de la ERC y, junto con otros parámetros, permite estadificar la enfermedad y adaptar la terapia de forma individualizada.
Las medidas terapéuticas dependerán del estadio en el que se encuentre el animal y del criterio veterinario, e incluyen desde una dieta adecuada hasta tratamientos farmacológicos destinados a controlar los síntomas y frenar la progresión de la enfermedad. Habitualmente, perros y gatos acuden al veterinario en fases avanzadas de la ERC; sin embargo, cuanto más temprano se realice el diagnóstico y se instaure un tratamiento adecuado, mayor será la esperanza y calidad de vida. De ahí la gran importancia de las revisiones periódicas con el veterinario habitual.
